Efecto recaer

Se me olvido que vendría Orfeo a sacarme del infierno.
Ya despegó mi vuelo, ya cayó el telón del duelo.
Redacté mi informe de daños de tantos años bajando el precio.
La guerra pasó de moda.
La luna cambió de tercio.

Yo me disfracé de nada.
Dijiste que estaba más guapa que nunca.
Juré no jugármelo todo
y al poco perdía la bolsa y la vida.
¡Qué injusta batalla perdida
vencida en terreno contrario!
Pedí la revancha, perdí mi revancha,
de nuevo en tu monte Calvario.
Nos jugamos la tregua en los labios:
“¿en tu casa o en la mía?”
La voz se me va de las manos.
Recuerdo que llovía
pues llevaba el pelo planchado.
Escribía cartas de adiós que siempre olvidan destinatario.

Coincido conmigo en el mismo punto que ayer.
Reincido contigo y juro que no voy a volver;
¡qué no voy a volver!
Pero sigo siendo el claro ejemplo
de quien cae en el concepto del efecto recaer.

Pero en el fondo da igual, porque nunca es pa’ tanto.
Porque todos los viernes me río si el lunes estuve llorando.
Pero en el fondo da igual, porque todo pasa.
Que si no eras como creía para ser cualquiera, cualquiera me basta.
Porque en el fondo da igual…

Mi reloj interno precisa que deben de ser las tantas.
A la vuelta de la esquina sobornan margaritas deshojadas
que siempre me mienten y dicen: “te quiero,
qué quiero ser el Orfeo que se baje a tus infiernos”.
Te miro, me quemo, revivo de nuevo, que dimos por concluido este guión.
Que somos tan solo adictos a beber de vasos vacíos
conmemorando el anhelo del licor.

Coincido conmigo en el mismo punto que ayer.
Reincido contigo y juro que no voy a volver;
¡qué no voy a volver!
Pero sigo siendo el claro ejemplo
de ese bucle por defecto de esa adicta a los afectos del efecto recaer.

Pero en el fondo da igual…
Se me olvidó que vendría Orfeo a sacarme del infierno… y ya me fui.