Entre la espada y la pared

Preferiría decirte “te quiero” a “lo siento”, deberte la bolsa a la vida.

Quemarnos jugando con fuego, a jugar a hacernos la vida más fría.

Yo quisiera sacarle las cosquillas a las mentiras de la primavera.

Fumarnos en puro lo impuro.

Quisiera bajarle la cremallera al amor

en la entrepierna del mundo;

a dos manzanas de tu colchón,

a dos manzanas del pecado,

a un domingo de la resurrección

de mi cuerpo entre tus manos,

de mis manos hechas cosa de dos.

 

Y decirle a los relojes que sus manecillas no me meten mano.

Que en la carrera de reproches ganó lo bueno a lo malo.

Que si te incomodan los silencios los bailamos.

Que si te incomoda lo que canto, me besas y me callo.

 

Y ¿cuántas camisas desabrochadas antes de llegarte al pecho?

¿Cuántas sonrisas desperdiciadas si no acaban en besos?

¿Cuántas miradas calificadas de inapropiadas

por no lanzarme a tu cuello?

¿Cuántos cubatas hacen falta

antes de decir: “te quiero”?

 

Y ¿cuánto tengo que ser santa

pa` que me dejen bajar a tu infierno?

Que con mirarte no me basta,

que tengo el cuerpo en pleno destierro

y el alma enterrada en arena de playa,

cansada de no cansarme de ti por nada.

Tan convencida como equivocada.

Tan peligrosa como delicada.

Y cada vez que me desatas quiero que me ates otra vez

entre la espada y la pared;

y con las espalda contra la pared.

 

Y ¿cuántas camisas desabrochadas antes de llegarte al pecho?

¿Cuántas sonrisas desperdiciadas si no acaban en besos?

¿Cuántas miradas calificadas de inapropiadas

por no lanzarme a tu cuello?

¿Cuántos cubatas hacen falta

antes de decir: “te quiero”?

 

Y decirle a los relojes que sus manecillas no me meten mano.

Que en la carrera de reproches ganó lo bueno a lo malo.

Que si te incomodan los silencios los bailamos.

Que si te incomoda lo que canto, me besas y me callo.

 

Entre la espada y la pared…