Kilómetro Cero

Sabemos bien lo que ocasiona jugar con fuego,

lo dicen las quemaduras tatuadas al pecho.

Nadie sabe bien que es malo y que es lo bueno,

lo dicen todas las dudas que a estas alturas siguen dándome consejo.

 

La distancia entre el deber y el querer a centímetros de tu boca,

a esa distancia en que mi seguridad no sabe bien si acierta o se equivoca.

La distancia entre el deber y el querer susurrando a tu cuello

mientras a mi me grita que salga corriendo, que aun estoy a tiempo;

a esa distancia en que mi serenidad se acuesta con el deseo.

 

Y qué hago si todo cuanto quiero esta a un palmo,

a un palmo, todo cuanto quisiera haber olvidado.

A un palmo, tu sonrisa, que como mona lisa me mira sonriente insinuando;

al otro mi reflejo que me avisa que me estoy equivocando.

Y todo, lento, tonto, va dejando mella,

Y ¡déjame ya que nos falta cautela!

Y camino cada uno a su hogar los pasos que vamos dando van restándonos paciencia.

 

Y el tiempo un asesino a sueldo

contratado por un mundo paralelo que ni tú ni yo entendemos.

La distancia entre el deber y el querer abrazando tu cuerpo:

ese que no toco, ese que no siento, ese con el que sueño cuando rozo otros.

La distancia entre el deber y el querer humedeciéndome los ojos;

y aun tienes el valor de preguntar que por qué lloro.

 

Lloro por impotencia, por falta de paciencia,

porque lo que me das no es lo que me interesa,

porque aunque me lo dieses tampoco yo podría darte todo cuanto quisiera.

Porque las estrellas fugaces se fugaron sin cumplir lo prometido

¡por qué no se para el mundo cuando se lo pido!

Y yo escribiendo versos tan comprometidos.

 

Porque aquí y ahora, a un palmo de tu boca, cuando el deber y el querer se rozan,

con todo y nada a mi lado, sabiendo de antemano la parte que me toca…

Te toco, te beso, y pierdo todo por lo que luchaba.

Me marcho y siento que dejo al corazón dándole la espalda.

Cierro los ojos y susurro en tu nuca “que ya más nunca”

y me llamas y nunca se apaga esa llama

que me apunta, que me asusta, que me llena de dudas, que repite tu nombre con eco…

Yo que solo quiero sentir por una vez más amor que celos,

tocarte el corazón con los dedos

y hacer de este palmo nuestro kilómetro cero.

 

Porque aquí y ahora, a un palmo de tu boca, cuando el deber y el querer se rozan,

con todo y nada a mi lado sabiendo de antemano la parte que me toca…

Te toco, te beso, no se si en la boca o si en la cara.

Susurro a tu nuca: “nos vemos mañana”.