Simplemente Elena

Escuchaba siempre atenta en la primera fila.
Se entregó entre melodías a otros labios.
Soñaba con ser la reina algún día.
Él con no cometer errores del pasado.
 
Se quisieron casi siempre todo el tiempo.
Ella buscaba en su boca los versos que nunca le dieron.
Él a una mujer por quien dejaran de llorarle los sonetos.
 
Él dejó de escribir poesía, prefería que sus cuerpos se rimaran en la cama.
Ella no entendía por qué seguía bailando los acordes dedicados a otras damas.
 
Él quería enseñarle las auroras;
Ella frases de amor sobre la arena.
Que le compusiera canciones a deshoras;
y él a deshoras solo quería hacer cantar a ella.
Ella quería una aventura que la llenara de gloria
y él un simple caballito de madera.
Él quería una mujer por quien ardiera Troya
y ella simplemente, Elena.

El quiso llenarle la vida de soles;
ella desnudarse con sus lunas.
Y a medio camino, les crecen las dudas
y empieza la guerra sin tableros ni peones.
Pero a las 6 de la tarde se riegan por dentro y les brota el amor.
Bien sabe Dios, o quien sea,
cualquiera que lo vea,
que si existe algún problema no fue amarse poco ¡Míralos!
Si parecen dos locos arrancándose la piel para abrazarse el corazón;
cuando a las 6 de la tarde se riegan por dentro y les brota el amor.
 
Él quería enseñarle las auroras…

Cada vez que se acaban los besos
se visten de miedos de nuevo;
pensar que quizá no merezca la pena luchar
por un par de momentos, (aunque buenos).
 
Pero se quieren casi siempre todo el tiempo;
y tienen cruces de miradas traicioneros
llenitos de luz que eclipsan al baúl de los malos recuerdos consejeros.
¡Quizá llegó la hora de aprendernos!
 
Y ella se dejó bañar en sus auroras
mientras él le escribía poemas en la arena.
Y cantaron las canciones que se cantan a deshoras:
cantó ella por él, cantó él por ella.
Y ella supo que soñar es cabalgar y ser feliz
en su simple caballito de madera.
Y él supo que para que ardiese Madrid
bastaba simplemente con Elena.
Y ella supo que soñar …